Octubre 2026

“Toda tecnología nace bajo un marco regulatorio”

Publicado
8 de octubre de 2026
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8 min

Bruno Fernández de Córdova conversa sobre cómo acercar el desarrollo tecnológico a las decisiones públicas, por qué los riesgos dependen del uso de cada herramienta y qué lugar conserva el criterio profesional cuando la inteligencia artificial facilita el acceso a la información.

Bruno Fernández de Córdova trabaja en asuntos públicos y regulatorios en Niubox. En esta conversación explica la importancia de mantener un diálogo entre empresas tecnológicas y autoridades y reconocer los espacios en que un aporte técnico puede enriquecer una discusión legislativa. Para él, procesar información es solo una parte del trabajo: también hay que construir confianza y saber adaptarse a lo que ocurre frente al interlocutor.

En el diálogo entre empresas tecnológicas y autoridades, ¿qué hace que la explicación de un nuevo modelo de negocio se convierta en una conversación sobre el problema público que hay que resolver?

Cuando hay una nueva tecnología, cuando la empezamos a utilizar en el día a día y empiezan a salir noticias, no solamente la conversamos nosotros con nuestros amigos o nuestras familias. Por supuesto, también la conversan los tomadores de decisiones, a raíz de la información que empiezan a consumir. A veces puede ser desde una aproximación más positiva y a veces desde una aproximación negativa.

Algo que nosotros siempre repetimos es que toda tecnología nace bajo un marco regulatorio. No porque en Perú, Chile o Colombia no exista una ley sobre inteligencia artificial quiere decir que esta no está regulada o que no tiene que cumplir con la ley. Todo lo contrario: tiene que cumplir con la ley y serán aplicables las disposiciones específicas, por ejemplo, de protección del consumidor, del Código Civil o del Código Penal.

Ese es un primer paso que me parece clave: que desde el sector privado y desde los desarrolladores se pueda ir comentando y explicando, y tener esa cercanía necesaria con las autoridades para explicar cómo funciona la tecnología. Qué hace, qué no hace, cuáles son los mitos que estamos viendo en los medios o en las redes sociales, cuáles son las oportunidades que desencadena a nivel económico, social o educativo.

Esa conversación permanente es indispensable en el sector de la tecnología para que exista ese puente y las autoridades puedan saber de qué realmente se trata. Porque también hay muchas noticias falsas alrededor de la tecnología.

A raíz de eso, creo que es importante preguntarnos cuál es el problema público que quiere resolver la autoridad. Después de saber que esta tecnología nace bajo un marco regulatorio, cómo funciona, qué hace y qué no hace, ¿cuál es el problema público que quieres resolver en torno a eso? Porque el problema público no es la tecnología en sí.

El problema público será probablemente los usos que se le den para seguridad. Entonces hablemos de seguridad, de si las normas actuales están abarcando lo suficiente y de si hay que hacer algunos ajustes. O tal vez será la protección de determinado grupo en situación de vulnerabilidad.

Es importante ir por pasos y determinar bien con las autoridades cuál es el problema público que quieren atender, qué les preocupa. Y desde el sector privado, por supuesto, tener toda la disposición, no solamente para explicar los desarrollos tecnológicos, sino para acompañar esos procesos de creación de soluciones frente a problemas públicos.

Cuando una tecnología cambia más rápido que el conocimiento disponible sobre sus efectos, ¿cómo se construye un criterio regulatorio sin confundir incertidumbre con falta de riesgo?

Es un punto clave que se ha tocado muchísimo en varios países de Latinoamérica. Perú, por ejemplo, dio el paso de ir por una regulación de inteligencia artificial, dio una ley. Hay otros países que han dicho: “Todavía no voy a dar una ley, pero sí voy a crear una estrategia nacional”. Es decir, qué voy a hacer con esta herramienta.

La tecnología nace bajo un entorno regulatorio vigente, pero sin duda también hay riesgos y eso no lo podemos negar. Una primera aproximación es el enfoque diferenciado de riesgos, que ya se ha tomado en varios países como parámetro.

Hay que ver, más allá de la tecnología, cuáles son los usos que se le están dando. Dentro de esos usos, cuáles generan más riesgo y, por tanto, probablemente necesitan una regulación específica o cumplir con ciertos requisitos previos, y cuáles son de uso cotidiano y no necesitan tantos requisitos.

Voy a poner un caso concreto: la inteligencia artificial con reconocimiento facial. La tenemos en los teléfonos celulares para desbloquear el teléfono cuando lo miramos. Tiene nuestros datos biométricos y utiliza inteligencia artificial para procesar y saber si realmente somos nosotros. Ese reconocimiento facial no genera tantos riesgos como si, por ejemplo, el Estado quisiera hacer una vigilancia masiva con cámaras y reconocimiento facial para saber dónde está cada uno de sus ciudadanos.

Otro caso son los autos autónomos. Se están entrenando para ver cómo podrían circular por las calles y hay ciudades donde ya están. Pero evidentemente esto genera riesgos: pueden tener choques, accidentes, atropellar a personas.

Cuando detectamos un riesgo, me parece importante revisar ese uso específico de la inteligencia artificial y anticiparnos: ver cómo podemos dar un marco regulatorio que otorgue seguridad a todas las partes, a los desarrolladores, a los consumidores o usuarios y también al Estado, que tenga las reglas claras sobre quién va a fiscalizar y quién se va a encargar de la supervisión.

A veces es mucho más saludable tener esas reglas claras, de modo que todas las partes puedan estar informadas. Eso también les otorga más confianza y seguridad al utilizar la tecnología.

El enfoque diferenciado de riesgos y centrarnos en soluciones frente a usos específicos más riesgosos es una ruta a seguir frente a dar un marco único, rígido y uniforme para todos los usos de inteligencia artificial o de cualquier tecnología. Ese marco probablemente va a ser un estándar muy alto para usos que no lo ameritan y, a su vez, un estándar muy bajo para usos que necesitan uno mucho más alto.

Con el retorno a la bicameralidad, ¿qué cambia en la forma de reconocer cuándo una discusión todavía puede ser enriquecida con un aporte técnico?

En este momento hay toda una discusión en el Perú sobre cuáles son los límites que tiene el Senado respecto de las iniciativas que le llegan aprobadas por los diputados, tanto en materia de procedimiento parlamentario como de acuerdos políticos.

El procedimiento permite al Senado hacer cambios. Entonces, ¿hasta qué punto hacer cambios es desnaturalizar lo que viene? ¿Y hasta qué punto es parte de las funciones que se le han asignado a través de estos reglamentos?

Desde los asuntos públicos, para los aportes técnicos se abren varias ventanas. Dependiendo de cómo resulte esta discusión, el primer espacio y el más relevante va a ser siempre la Cámara Baja, donde empieza la discusión parlamentaria y donde empiezan a gestarse los proyectos.

Allí empiezan las discusiones a nivel de comisiones y después a nivel de pleno. Al Senado le llega algo con cierto nivel de consenso político.

Si bien en el Senado hay un espacio para seguir llevando evidencia, hacer aportes técnicos y mantener un nivel de conversación, debido a este diseño y a las fricciones que se están dando, el debate inicial en la Cámara de Diputados también me parece sumamente relevante.

¿Qué parte del criterio de un profesional de asuntos públicos considera más difícil de trasladar a una inteligencia artificial?

Hay mucho de relacionamiento, de poder construir confianza, de tener una lectura no solamente política del momento, sino también personal de tu interlocutor: saber cuáles son sus preocupaciones, los antecedentes que ha tenido, los temas que quiere impulsar o los que para esa persona serían una señal de alerta.

La inteligencia artificial te puede dar herramientas para procesar grandes volúmenes de información, encontrar alguna declaración importante o buscar entre muchos archivos qué se ha hecho antes desde determinado ministerio o autoridad.

Pero está la parte estratégica y la ejecución: ir a un espacio técnico, brindar los comentarios y no solamente dar la perspectiva como uno la había pensado, porque muchas veces en el mismo espacio las circunstancias cambian. Uno va pensando que los actores van a decir determinada cosa, pero terminan diciendo otra, o la conversación se desvía.

No puedes ser una máquina que simplemente sigue repitiendo lo que habías preparado cuando pensaste que la discusión se iba a tratar sobre otra cosa. Ese criterio profesional es mucho más complejo de trasladar a una inteligencia artificial.

El procesamiento de grandes volúmenes de información va a facilitar muchísimo el trabajo de los profesionales de asuntos públicos. Pero a partir de eso, con todo ese procesamiento y todas esas horas ahorradas en buscar entre documentos o encontrar información, empieza un trabajo mucho más rico y fortalecido, porque ya tienes muchos más elementos que te ha brindado la tecnología. Yo creo que, a partir de ese momento, ese trabajo es insustituible.

Bruno Fernández de Córdova Asuntos públicos y regulatorios en Niubox Octubre de 2026

Entrevista realizada por Cristian Galaz el 25 de septiembre de 2026.